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Resumen “Breve historia de la lengua española” Capítulo 2

CAPÍTULO 2: Genealogía del español

Familias lingüísticas

Se suele aplicar los términos familia, parentesco, genética, madre e hija tanto a la descendencia lingüística como a la humana, sin embargo las relaciones humanas y las lingüísticas difieren cualitativamente. Por ejemplo, en la descendencia lingüística, no hay generaciones, ni nacimientos, ni muertes porque las sucesivas modalidades lingüísticas evolucionan gradualmente de una etapa anterior hacia una posterior. Por otro lado, en cuanto a la reproducción humana, los padres sólo transmiten un 50% de su material genético a su hijo/a, mientras que el material genético de una lengua (sonidos, estructuras, gramaticales y palabras)  se transmite intacto, con leves cambios de un momento histórico a otro. Una lengua es más bien comparable a la vida de un individuo que a la de una familia, ya que al igual que un niño sufre numerosos cambios pero sigue siendo el mismo organismo.

Las lenguas son capaces de dividirse en dos o más modalidades diferentes, produciendo bifurcaciones. Esto se debe a la combinación inexorable del cambio lingüístico con los movimientos y las migraciones de sus hablantes, quienes al dispersarse en el espacio transforman la lengua original en dos o más modalidades más o menos diferentes. Este proceso se repite una y otra vez produciendo genealogías lingüísticas sumamente complejas, lo que a veces hace imposible comprobar el parentesco entre dos lenguas cuya separación se halla en un pasado remoto.

El método fundamental empleado por los lingüistas para determinar si dos lenguas pertenecen a la misma familia es el método comparativo, el cual consiste en la comparación sistemática de las lenguas en busca de rasgos lingüísticos (sonidos, palabras, estructuras sintácticas) semejantes que den señas de haber sido componentes de una misma lengua primitiva. Estos rasgos suelen denominarse cognados porque sugieren consanguinidad lingüística.

Mediante el estudio comparativo de listas de cognados, se puede comprobar que el español, francés e italiano pertenecen a la misma familia lingüística, la de las lenguas románicas, es decir que si seguimos hacia atrás estas lenguas, llegamos al punto donde hablan la misma lengua, el latín. Para evitar equivocaciones en la elección de las palabras a comparar, los lingüistas se limitan a palabras que raramente se ven sustituidas por préstamos lingüísticos, como las que se refieren a partes del cuerpo humano, los números del 1 al 10, nombres de parientes, fenómenos naturales, cualidades básicas, etc.    

Una vez que se determina que dos o más lenguas tienen un antecedente común, se prosigue con la reconstrucción de esta lengua antecedente. Por ejemplo, en el caso de las lenguas románicas, se puede tratar de reconstruir el latín hablado, del cual no hay testimonios escritos, mediante la comparación de lenguas representativas de la familia, tales reconstrucciones suelen llamarse protolenguas.  

Algunas familias lingüísticas importantes

A continuación, una lista de algunas de las familias más importantes en cuanto a número de hablantes e impacto cultural y al final la familia a la que pertenece el español.

  • Familia sino-tibetana: más de 1.000 millones de hablantes del chino y 37 millones del birmano.
  • Familia dravídica: 25 lenguas y 175 millones de hablantes en el sur de la india.
  • Familia afroasiática: cuyo subgrupo semítico comprende el árabe, con más de 150 millones de hablantes, y el hebreo, con 6 millones.
  • Familia níger-kordofania: cuyo subgrupo bantú tiene unos 150 millones de hablantes, 50 millones de los cuales hablan suajili.  
  • Familia turca: con 125 millones de hablantes en Turquía (56 millones), Azerbaiyán, China y Rusia.
  • Familia urálica: suyo subgrupo fini-úgrico incluye el húngaro (14 millones), el finlandés (5 millones) y el estonio (1,5 millones).
  • Familia indoeuropea: (más del 1.000 millones).

 

Familia lingüística indoeuropea

La familia lingüística indoeuropea es la más importante para la civilización occidental, dado que representa el fundamento de las lenguas de casi todos los países europeos y muchas de sus antiguas colonias. Según Gray y Atkinson es probable que la lengua de la cual deriva toda la familia se haya hablado hace unos 9 mil años en lo que hoy es Turquía y desde allí se habría propagado hacia el este, hacia el oeste y el continente europeo. Esta lengua se denomina protoindoeuropeo puesto que es una lengua ancestral de la que no hay documentación directa.  

La familia indoeuropea suele dividirse en las ramas siguientes:

  • Germánica: alemán, inglés, holandés, frisón, danés, noruego, sueco, islandés (440 millones de hablantes)
  • Índica: hindi, urdu, bengalí, gitano (378 millones)
  • Eslava: ruso, checo, eslovaco, esloveno, serbo-croata, macedonio, búlgaro, ucraniano, bielorruso, polaco (250 millones)
  • Irania: farsi, curdo (73 millones)
  • Celta: galés, irlandés, bretón (12 millones)
  • Helénica: griego (10 millones)
  • Itálica: (670 millones)

 

La rama itálica

Los primeros hablantes de la rama itálica de la familia indoeuropea habrían llegado a la Península Itálica en el año 1.000 aC. Hablantes del latín y del falisco se establecen alrededor de la futura capital de la Península, Roma. Más tarde llegan hablantes de otras variedades itálicas, los oscos que pueblan el sur y los umbros que se establecen en el noroeste de Roma. Con la creciente importancia de Roma para el año 100 dC. el latín termina siendo la única lengua hablada.

En un momento en el latín se desarrolla un tipo especial de bilingüismo llamado diglosia, es decir, dos modalidades bien definidas (una “alta” y otra “baja”) destinada a usarse en situaciones muy distintas. La forma alta de la lengua (habla urbana) se enseña en las escuelas y se utiliza en los registros más formales, en particular la escritura. La forma baja (habla rústica, popular, cotidiano, vulgar) es empleada sólo en el curso de la vida cotidiana, no se enseña ni se escribe. La lenguas románicas (romances, neolatinas) con 570 millones de hablantes en la actualidad, surgen a partir de esta forma vulgar del latín. Entre los miembros de esta familia figuran el español, francés, italiano, portugués, gallego, catalán, occitano, rumano, sardo y romanche.

Bilingüismo: Antes se consideraba bilingües a las personas que dominaban dos lenguas al nivel de un hablante nativo, en todos los contextos. Ahora se sabe que, para la mayoría de los bilingües una de sus lenguas es dominante y otra subordinada, y que el grado de competencia en cada una puede ser distinto (se puede ser fuerte en ambas o fuerte en una y débil en otra o mediano en ambas). El bilingüismo surge en casi todos los casos donde hay contactos entre grupos lingüísticos, como por ejemplo en las fronteras entre países o donde ha habido una afluencia de inmigrantes o invasores.

Diglosia: La diglosia es una variante del bilingüismo en la que una persona o comunidad lingüística utiliza dos variantes, una variante “alta” para los contextos más formales y otra “baja” para los contextos más coloquiales. Antes para que haya diglosia era condición que se trate de dos variantes de una misma lengua pero actualmente se ha modificado ya que posible que una lengua participe de relaciones diglósicas con otras lenguas en distintas partes del mundo. Por ejemplo, el español en Hispanoamérica subsiste como lengua “alta” con relación a las lenguas indígenas y en Estados Unidos, desempeña el papel de lengua “baja” con respecto al inglés.

Genealogía del español

Poco tiempo después de la desintegración del imperio Romano surgió en la Península Ibérica el protoiberorromance, una variante del protorromance occidental con una estructura dialectal notable con el protocatalán en el este, el protohispanorromance en el centro, y el protogallego-portugués en el oeste. Un par de siglos más tarde comienza la diferenciación de los dialectos hispanorromances, que en el oeste se asemejan al gallego y en el este al catalán. En el centro nace el castellano, que no es una protolengua, porque disponemos de una cantidad considerable de testimonios a partir del siglo XIII. Del castellano se desarrolla el andaluz y, de ahí el canario, dialectos que junto con el castellano, contribuyen a la fisonomía actual del español.

Autor:

Licenciada en publicidad. Futura profe de lengua y literatura.

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