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Análisis de “La casa de Asterión” con la teoría de Humberto Eco

A continuación realizaré un análisis del cuento de Jorge Luis Borges La casa de Asterión (1947) teniendo en cuenta la lectura del capítulo número tres del libro Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo (1979) de Umberto Eco. 

El semiólogo italiano afirma que un texto está incompleto, está lleno de elementos “no dichos” que requieren ser “actualizados” por su destinatario. Según Eco (1979), el texto “requiere ciertos movimientos cooperativos, activos y conscientes, por parte del lector” (p.74). Para comprender un texto, el destinatario debe tener una competencia gramatical específica de manera que pueda realizar las inferencias necesarias para su interpretación. Por otro lado, también debe actualizar lo que Eco denomina “enciclopedia”. Por ejemplo, se sabe que el protagonista y narrador en primera persona es Asterión porque el autor lo hace explícito:“Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero” (Borges, 1947, p.65) y, por lo tanto, todos los pronombres mencionados a lo largo del cuento (yo, mi, me) se refieren a Asterión, esta es la primer inferencia que se debe hacer para entender el relato. Sin embargo, en los últimos renglones del cuento aparece la siguiente frase:“El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre” (Borges, 1947, p.68). Aquí es necesario hacer otra inferencia: ha cambiado el narrador y ya no es Asterión quien relata, aparece entonces un segundo narrador esta vez en tercera persona. Luego, hay un breve diálogo: “―¿Lo creerás Ariadna? ―dijo Teseo―. El Minotauro apenas se defendió.” (Borges, 1947, p.68) y el lector debe deducir que nuevamente hubo un cambio de narrador y que esta vez quien habla en primera persona es Teseo. A su vez, el lector debe inferir que con la palabra “minotauro” se refiere a Asterión dado que en ningún momento del cuento se lo llama de esa manera. Entonces, el cuento de Borges está plagado de “espacios en blanco” que el lector debe “actualizar”. Estos vacíos en el texto fueron dejados intencionalmente por el autor, quien prevé que el lector los llenará, en primer lugar porque el texto “…es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él.” (Eco, 1979, p.76) y, en segundo lugar, porque “…quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa, aunque normalmente desea ser interpretado con un margen suficiente de univocidad.” (Eco, 1979, p.76).

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